jueves 21 de mayo de 2009

"Loto Negro"

(...) horas antes de que el prior recorriera los pasillos del Santo Capitolio, muy, muy lejos de allí, en la esfera conocida como el Infierno, una figura vestida de gris, encapuchada, y de cuerpo mediano y delgado, caminaba con cierta prisa por una calzada llena de ceniza. A ambos lados de la misma había diversos volcanes que no emanaban lava y fuego, sino un oscuro y tóxico humo negro que llenaba el aire. Había árboles allí además, pero eran retorcidos y arrugados, como salidos de una horrible pesadilla. Además, varios nubarrones negros se arremolinaban en el cielo, descargando relámpagos y rayos que a menudo impactaban contra las rocas del lugar, produciendo temblores y llamaradas.

A aquel ser se lo solía llamar Loto Negro, y mientras iba caminando, pensaba en sucesos de antaño, relacionados con aquel lugar. De pronto divisó en la distancia una extraña construcción entre dos volcanes y se dirigió con rapidez hacia allí. Pese a que parecía un punto gris insignificante, las criaturas demoníacas que se cruzaban con él le cedían el paso, bien por temor o quizás bien por intentar ignorarle. Los Espectros lo consideraban un historiador loco, los Diablos de la Noche lo consideraban un ser que las tinieblas ni siquiera se atrevían a tocar, y en general, la mayoría de las criaturas del Infierno simplemente no querían saber de él. Y es que aunque investigaran, la única verdad que podrían llegar a saber era que Loto Negro era inmune al paso del tiempo. Había sido creado hace miles de años y era tan viejo como el mismísimo Innombrable, la maligna entidad que gobernaba el lugar, que carecía de forma física definida y de la que por tanto, poco se sabía. Sus siervos sólo escuchaban el sonido de su estruendosa voz, capaz de helar el ánimo de cualquier ser, y sólo veían un atisbo de su presencia, una masa palpitante de oscuridad absoluta que causaba repulsa y desesperación a todos los que osaban acercarse a contemplarla.

Loto Negro se detuvo al fin, junto a un grupo de Demonios de la Escarcha que apilaban bloques negros. Se quitó la capucha, revelando ser un humanoide de aspecto juvenil, ojos grises y un ondulado cabello gris que le caía a ambos lados del afilado rostro, el cuál era tan bello y pulido que difícilmente se podía decir si pertenecía a un hombre o a una mujer.

-¿Qué es aquello? –preguntó con voz suave a los demonios, señalando la descomunal puerta en construcción.
-La Puerta –susurraron aquellos seres cristalinos cubiertos de hielo-. La Puerta de Belcebú, así la llama su excelentísima majestad el Innombrable.
-¿Para qué sirve?
-Nosotros sólo construimos –susurraron de nuevo-. Él dice “construid la puerta” y nosotros obedecemos.
-Pero alguien sabrá para qué la quiere...
-¡Nosotros no hacemos preguntas! Nosotros sólo trabajamos...

Loto Negro se sintió muy intrigado y dado que en todos sus años de existencia nunca había visto nada semejante, continuó acercándose a los demonios que trabajaban sin cesar, preguntándoles una y otra vez, sin obtener respuesta alguna...

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