<< (...) La Dama de los Hielos bajó vestida de negro, llevando su larga túnica de terciopelo, una fina y arrugada tela que no ocultaba su grácil figura. Miró al Ángel con sus profundos ojos de obsidiana y le preguntó que quería.
El Ángel la miró fijamente, admirando su presteza y su elegencia, sus graciles labios y su penetrante mirada, y dijo, con todo el ánimo de su corazón: "Quiero tu amor". La Dama le miró altivamente, jamás nadie había viajado hasta tan lejos para pedirle semejante cosa, y eso la intrigaba, pero también la llenaba de desconfianza."Admiro tu presteza, Ángel, pero el amor carece de sentido para mí. Regresa por donde has venido..." -dijo la dama con cierta seriedad.
Triste y abatido, el ángel se marchó, pero por el camino de regreso pensó: "quizás si le traigo algo de su agrado..." Y así el ángel regreso con las más bellas gemas que puedo encontrar en las oscuras entrañas de la tierra.
La Dama de los Hielos se sintió muy complacida, hasta el punto de sentir aprecio por el Ángel. Más le repitió: "No puedo darte mi amor, porque carezco de él. Quédate al menos con mi aprecio, te lo has ganado. Regresa a tu hogar en los cielos."
El ángel asintió aunque triste, y se marchó. Pero de nuevo en el camino, su tozudez lo incomodó. "Puede que si le demuestro lo que valgo, ella cambie de parecido. ¿Más como demostrarselo?" El ángel buscó la manera de mostrar su valía, durante muchos días y al fin, la descubrió. La Dama de los Hielos tenía un terrible enemigo, un Demonio cruel que la amenazaba a diario. Así, el ángel se presentó al demonio para vencerle en duelo.
"¡Estúpido Ángel!" -gritó el Demonio- "¿Con qué motivo me desafías? ¿Es que quieres hallar la muerte?"
"No" -dijo el Ángel- "Es el amor lo que busco"
"¿¡Amor!?" -replicó burlonamente el demonio- "El amor no existe, es una invención de los hombres para atormentar sus corazones. Vuelve ahora por donde has venido y conserva la vida."
Pero el ángel no lo escuchó y se abalanzó sobre el Demonio con toda la fuerza que le daba el amor que sentía por la Dama de los Hielos. Y así, el ángel mató al Demonio, no sin que este le propinara un leve corte en el corazón. Agonizando, el demonio dijo sonriendo maliciosamiente: "Enhorabuena, has vencido... La fuerza de tu amor es grande. Pero cuídate de la herida que te he hecho, porque haría que el profundo amor que sientes sea tu perdición".
Ignorándole, el Ángel le cortó la cabeza y se la presentó a la Dama de los Hielos. Esta ahogó un grito de espanto y se enojó.
"¿Qué significa esto, Ángel?" -dijo indignada la dama.
"He destruído a vuestro enemigo." -dijo con tono complacido él.
"No necesito que nadie se meta en mis asuntos. Vete, y no regreses, has herido mi orgullo y no quiero volver a saber de ti jamás" -dijo la Dama con cierta furia y tristeza a la vez.
El Ángel sintió entonces una gran punzada en la herida del Demonio, pero la ignoró y se marchó. Se escondió en una de las nubes del cielo y se quedó allí, triste y deprimido, mientras la herida del Demonio se hacía más insoportable, hasta llegar un dolor que le traspasaba el alma. Y así, se consumió poco a poco en la tristeza, hasta que las nubes en que vivía se volvieron grises y desataron grandes tormentas...
Una elfa de los bosques, apenada por ver el estado del ángel, fue a intentar curar sus heridas, consiguiendo sacarle de los nubarrones y llevarle ante la Dama de Los Hielos, quién se sorprendió del lamentable aspecto que presentaba el ángel, pues aunque su corazón era frío, no carecía de comprensión. Así que apenada por el malestar del ángel, le dijo:
"Veo que realmente sientes algo por mí, Ángel... No sufras más, no debiste matar a mi enemigo, ni yo debí despreciarte por ello." -dijo Ella.
"Siento si te ofendí, mi preciosa Dama de Los Hielos..." -dijo Él.
"No lo sientas ni pidas perdón, soy yo la que debería hacerlo, pero no lo haré, así que olvidemos este asunto. Sé lo que sientes, pero no puedo corresponderte."
La elfa, compadecida por el Ángel, fue ante la dama y le susurró: "Por favor, gran Dama, ¿no podríais concederle una oportunidad...?"
La dama miró a ambos con recelo, pero pensando que al fin y al cabo el Ángel la había tratado muy bien, dijo:
"De acuerdo, Ángel. Si consigues traerme el Ojo de Odín, te prometo que pensaré seriamente en tus sentimientos"
Animado, el ángel partió hacia el norte para enfrentarse al mismísimo Odín. Él y la Dama de los Hielos habían sido rivales por el control del Invierno, y por ello quería tener su ojo izquierdo, donde residía su poder. Pero la elfa le advirtió al joven Ángel: Odín era demasiado poderoso para él y le mataría si le desafiaba. Pero el Ángel sentía de nuevo que la Fuerza del Amor lo invadía, y no le hizo caso.
Así, el Ángel se presentó ante Odín. "Odín, he venido a buscar tu ojo izquierdo" -dijo, y desenfundó su espada bañada en llamas.
Odín lo miró fríamente pero no hizo ademán de responder al desafío. "Eres muy valiente por presentarte ante mí y desafiarme. Y eso lo admiro. Dime, ¿cuál es el motivo de tu petición?" -dijo Odín.
"El amor. Si le llevo tu ojo a mi amada, ella me corresponderá. Ella, que es la más bella entre las bellas, sus cabellos son como torrentes de agua oscura y sus negros ojos son como la oscuridad de un cielo bañado de estrellas. Por ella, sí, soy capaz de desafiarte, señor Odín." -dijo el Ángel.
"Ah, el amor. Dulce veneno, inspiración y destrucción de los hombres, un placer doloroso que llena la vida por completo. Sí, ya veo que estás impregnado de él, Ángel. Más por enigmático que es, e incomprensivo que me resulta, lo admiro, porque esa fuerza de vida y muerte que llevas dentro te hace sentir vivo, aún cuando te está matando. Bien, no merece la pena que resolvamos esta diferencia luchando. Tengo una idea mejor". -dijo Odín.
"¿Una idea mejor?" -se preguntó intrigado el Ángel.
"Sí. Te daré mi ojo izquierdo, Ángel, si a cambio me das lo más hermoso que he podido conocer: Tu corazón. El corazón enamorado de un Ángel tiene un valor incalculable y es de una hermosura inigualable. Y me basta uno de mis ojos para contemplarlo. Pero claro está, eso significará tu muerte." -dijo Odín.
"De acuerdo." -dijo el Ángel. "Lo haré. Pero dadme un día para dároslo."
Odín asintió y le entregó su ojo izquierdo. El Ángel se presentó rápidamente ante la Dama y le mostró el Ojo de Odín. La Dama de los Hielos no podía creerlo.
"Es increíble... Has arriesgado tu vida por mí, a pesar de no corresponderte. Pero me temo que he de decepcionarte, pues no conozco el amor, y aunque quisiera dartelo, no puedo." -dijo la Dama.
Terriblemente apenado aunque sonriente, el Ángel dijo: "Déjame, al menos, pasar un día entero contigo."
La Dama accedió, y durante ese día, el Ángel paseó por los largos jardines de hielo de la Dama, junto a ella, conversando sobre muchos y variados temas. El Ángel no cabía en su felicidad, y la Dama, pese a no amarlo, llegó a sentir verdadero aprecio por el Ángel.
Más la hora del ocaso llegaba. Y tal como había prometido, el Ángel entregó su corazón a Odín, muriendo con el rostro lleno de felicidad, porque al menos había podido acercarse al corazón de la Dama.
Más la elfa de los bosques que sabía todo lo sucedido, cogió su cuerpo y se lo llevó a la Dama de los Hielos, narrándole todo lo acontecido. La Dama se sorprendió muchísimo, preguntándose porqué lo había hecho... La elfa le entregó entonces una carta que el Ángel le había dejado antes de morir.
Y en ella explicaba claramente: "...mi muerte no es en vano, pues mereció la pena que al menos por un día estuvieras junto a mí, allí donde pudiera contemplar tu precioso rostro bañado por el sol del atardecer, allí donde pudiera escuchar tu dulce voz como los tañidos de las campanas del cielo, allí donde conocer tus sentimientos enterrados en tu palacio de hielo y nieve... Por todo ello, merece la pena mi sacrificio, pues te amo y para mí obtener eso es más preciado que la vida, pues si no lo hubiera tenido, en verdad habría muerto de tristeza..."
Y la Dama, en ese momento, sintió un gran cariño por el Ángel, al que amaba sin saberlo, y por el que derramó lágrimas que cayeron convertidas en diamantes.
"Descansa en paz, mi Ángel. Tu muerte no es en vano, pues me has enseñado lo que es el amor, y eso no lo olvidaré jamás" -dijo Ella.
Y así todos los inviernos, la dama recuerda el intenso amor del Ángel, y el corazón de su hielo se funde y permite paso al cálido despertar de la primavera... >>
FIN


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