
Una gran melancolía a la puerta fue a llamar
y se terminaron de rasgar las cuerdas del violín.
Ya nunca sus notas y lamentos podrán sonar,
ya nunca dirán do, re, mi, ¡ay! ¡cuanto sentí!
En silencio llora ya el arco enmudecido
No resuena sino el eco del corazón quebrado.
De una lágrima se oye lejano su sonido
Y el violín, en el suelo, difunto ha quedado.
La fría y húmeda noche pregunta por qué todo ocurrió.
El músico se pregunta porqué dejó que aquello ocurriera,
maldiciendo el destino que a su amor ensombreció,
y arrancó de su alma lo que en su vida más valor tuviera
Una gran culpa a la puerta fue a golpear
yacen rotas sin reparo las cuerdas del violín.
Ya nunca sus tonos y gemidos podrán sonar,
ya solo dirán sol, la, si, ¡ay, porqué te perdí!
y se terminaron de rasgar las cuerdas del violín.
Ya nunca sus notas y lamentos podrán sonar,
ya nunca dirán do, re, mi, ¡ay! ¡cuanto sentí!
En silencio llora ya el arco enmudecido
No resuena sino el eco del corazón quebrado.
De una lágrima se oye lejano su sonido
Y el violín, en el suelo, difunto ha quedado.
La fría y húmeda noche pregunta por qué todo ocurrió.
El músico se pregunta porqué dejó que aquello ocurriera,
maldiciendo el destino que a su amor ensombreció,
y arrancó de su alma lo que en su vida más valor tuviera
Una gran culpa a la puerta fue a golpear
yacen rotas sin reparo las cuerdas del violín.
Ya nunca sus tonos y gemidos podrán sonar,
ya solo dirán sol, la, si, ¡ay, porqué te perdí!

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